#Reseña LA GRACIA DE LOs REYES - Ken Liu



 Autor: KEN LIU
Título: LA GRACIA DE LOS REYES
Editorial: ALIANZA-RUNAS
Páginas: 639
Traducción: Francisco M. de Bustillo








Era uno de los libros más esperados de la temporada, Ken Liu, después de años coleccionando elogios en el mundo de los relatos, por fin daba el salto a la novela y lo hacía con una promesa de fantasía épica en un ambiente oriental, un soplo de aire fresco en el saturado mundo medieval europeo. Dioses, dinastías, héroes y mucha épica conformaban la gran apuesta del verano. El resultado, lo adelanto ya, ha sido decepcionante.

Alianza Editorial se ha volcado en este proyecto con una edición muy cuidada, incluyendo una de las portadas más bonitas de la fantasía reciente y con un trabajo de hype en redes sociales inmenso que nos llevó durante meses a comernos las uñas de impaciencia a medida que la fecha de publicación se acercaba. La puntilla la puso la publicación de los primeros capítulos de forma gratuita, que aunque es una táctica relativamente común, sumado a lo demás, hizo que La Gracia de los Reyes copara los más vendidos en su publicación. Fue un movimiento inteligente por obvias razones, pero además entrando ya en materia del libro, fue una elección muy acertada porque se nota que Liu quería impresionar y atrapar desde el principio. Personalmente, considero los dos primeros capítulos lo mejor del libro, y eso es una gran problema.



Pero empecemos por el principio: la trama. El planteamiento de Liu es más que atractivo, un mundo enorme lleno de culturas y países diferentes, con sus dioses, sus costumbres, tradiciones, cultivos y temperamentos diferentes enmarcados en un imperio que mezcla la pobreza rural, con el misticismo oriental y la tecnología de naves voladoras. Tenemos puntos de vista en casi cada lugar y la riqueza del mundo nos salta a la cara a borbotones. El worldbuilding es magnífico aunque a veces peca mucho del infodumping y te tira párrafos y párrafos de información no solicitada en boca de un narrador que se abstrae primero y luego aparece en boca de los personajes. No debemos olvidar que es la primera novela de Liu y se nota. El estilo no es del todo pulido y aunque fresco, sobre todo gracias a su influencia oriental con una forma de narrar casi de carrerilla, a veces se echa en falta un poco de pausa y calma al contar ciertos momentos. 


Durante toda la novela no he perdido la sensación de que Liu nos cuenta todo dos marchas por encima de lo que necesita el libro. Un ejemplo claro es el uso excesivo de la elipsis. Con una frase, Liu se quita de en medio escenas complicadas, farragosas o que sencillamente no le apetecía contar, desde grandes batallas hasta acontecimientos clave que nos perdemos y que más de una vez me han hecho maldecir. Si llevas cien páginas avisando de que unos guerreros son muy chungos y que el imperio no podrá con ellos, prometiendo una batalla épica, luego no me la quites para en una línea decirme lo que pasó sin ningún detalle y sin más historia.

El magnífico mundo de Las Islas de Dara

Pero pasemos al punto crítico del libro: los personajes. He leído bastantes reseñas más o menos positivas de La Gracia de los Reyes, pero a cada cual más o menos, todas coincidían en que Liu era un estupendo creador de personajes. Pues ya lo siento, pero no, desde mi punto de vista es el gran error de la novela. Liu es un gran creador de cascarones de personajes. Esto es una buena cualidad en formato relato donde no puedes dedicarle mucho a llenar tus protagonistas pero en una novela yo pido más que meras comparsas vacías con unos temperamentos dibujados a muy grandes rasgos. Con la honrosa excepción de Kuni Garu, con el que creo que se volcó de lleno, y un poco de Mata Zyndu, al que le tiró todo lo que le sobró con el primero y quedó más o menos esbozado aunque más tonto que una estaca, todo el elenco de personajes (y hay unos cuantos, no hace falta más que mirar el dramatis personae) son cascarones vacíos uno tras otro, que aparecen y desaparecen como si nada y que se vuelven recurrentes según Liu parece acordarse de ellos o no. Un ejemplo, el gran amigo de Kuni Garu, aparece al principio como importante, desaparece durante un buen rato y vuelve a aparecer de repente con un temperamento distinto. Otro ejemplo que me molestó especialmente son todos los personajes de la parte del gobierno imperial. El gran emperador que prometía muchísimo en los dos mencionados capítulos iniciales, desaparece en el tercero si no me equivoco, y su hijo otro tanto después de una conspiración más que mal llevada. 

El amigo Mata Zyndu


Esto me lleva a la segunda parte de los personajes; no es solo que me parezcan vacíos, es que actúan de forma estúpida. Creo que Liu quiso poner de manifiesto la volatilidad humana y el ansia de poder con constantes giros y traiciones, pero llega un punto que son tan obvias y tan manidas que parece estar inmerso en una película de serie B japonesa. El tema del suicidio por honor, famoso harakikri, aparece en forma casi de broma, especialmente en la escena de la cueva, las traiciones entre amigos del alma suceden de un párrafo tras otro, sin desarrollo previo y sin explicaciones posteriores, creando que los ya vacíos personajes, adopten pensamientos radicalmente extremos y opuestos de la noche a la mañana (vergonzosa la forma en que Liu lleva la relación de Garu y Zyndu) y todo esto regado con escenas sencillamente absurdas e inverosímiles, como el plan repleto de Deus ex machina de Garu para asaltar el palacio, la carga berseker suicida que convierte a los soldados en cuasi inmortales porque sí, porque los buenos tienen que ganar de alguna manera, y sobre todo la escena del caballo y el ciervo en la corte, que puso a prueba mi paciencia y determinación de nunca dejar un libro. Pero lo peor llevado y que se carga todo lo bueno que pudiera tener la obra es el giro en forma de traición que se da como a ¾ de la novela, es sencillamente absurdo y solo entendible si los implicados, en especial uno, tiene la capacidad deductiva de un trozo de madera.

Por último, no voy a terminar sin mencionar el papel de las mujeres. Liu pareció acordarse a mitad de libro de que también existen los papeles femeninos, y un poco más tarde, con la mujer de Kuni Garu dedicándose a quejarse y cuidar a los niños como mandan los cánones, recordó que igual el género femenino podía servir para algo más. Entonces aparece la princesa Kikomi, que por supuesto, cumple hasta el último de los ideales de las princesas de cuento. Liu decidió entonces darle importancia, hacer que se preocupara por algo más que por su peinado y darle un bonito papel de víctima, para acto seguido dejarse llevar de nuevo y volver a convertirla en una niña tonta e incapaz de mirar de igual a igual a los personajes masculinos. Tras este primer intento, Liu decidió volver a la carga y se saca de la manga (¿cómo no?) la nueva ama de llaves de Kuni Garu, que por mucho que se empeñe acabará cumpliendo un rol más que secundario y que no le importa a nadie, y Gin Mazoti, a la que convierte en general porque…sí, y con la que se vuelca casi por compromiso hasta pasarse, convirtiéndola en una especie de teniente o’neill autora de los planes más descabellados visto jamás, como escavar un túnel entre dos islas a pico y pala, sí, tal cual. Es absurdo pretender hacer una novela coral en la que tus personajes femeninos estén tan mal llevados pero por suerte o por fortuna, los masculinos no son mucho mejores y no destaca tanto. Hay un momento incluso en el que Liu se da cuenta de lo que ha hecho con el papel de la mujer de golpe y porrazo y no se le ocurre mejor forma de solucionarlo que poniendo a su querido Kuni Garu recitando un discurso sobre la fortaleza femenina y sus derechos. Todo más que coherente, oiga.

Fragmento del "feminista" Kuni Garu



Para acabar, debo decir que el final, aunque no me disgustó, es más que predecible desde un comienzo y acaba por ser un resumen de los todos los pecados de la obra.

Por tanto y sin alargarme más, La Gracia de los Reyes supone una enorme decepción y un borrón en la fantasía épica de los últimos años. Con una trama que prometía por su mundo y capacidad de alargarse en el tiempo hasta alcanzar varias dinastías, La Gracia de los reyes se pierde en un mar de personajes huecos y giros de guion tan bruscos que hacen perder el rumbo.




Comentarios

  1. A ver, he leído por encima tu reseña por miedo a los spoilers y a que, como lo estoy leyendo, prefiero no saber todo lo malo que vendrá, porque la novela se me está haciendo LAR-GUÍ-SI-MA.
    Para mí, el momento más épico es cuando se suicida el recién coronado rey de Rima. Y ya.
    Vale que solo lleve 200 páginas, pero no veo un trasfondo personal, una historia de los personajes. Es solo la crónica narrada de Dara. Los personajes: planos. Garu se salva porque lo ha hecho majete, pero Mata (por ahora, repito) me está pareciendo el típico héroe perfecto que todo lo puede. Y no es plato de mi gusto.
    En la contraportada, además, anunciaban mujeres guerreras, y por ahora hay una contestona y poco más. Era a lo que más ganas le tenía, ¿tengo que esperar hasta la mitad de la novela, en serio?
    En fin, gracias por confirmarme lo que me venía temiendo xD Ya veré si sigo o qué.

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  2. ¡hola!! Este tipo de libros son mis favoritos, por lo que espero que no me decepcione...Gracias y un beso!

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  3. Solo diré: WTF!, no coincido en NADA, pero NADA. Creo que hemos leído libros distintos XD. Entiendo que la narrativa oriental no es para todo el mundo, donde trata más de narrar que de escenificar, pero no sé como puedes decir que crea unos personajes vacíos. Tanto Kuni como Mata tienen su origen, su historia, su evolución, y puedes comprender por que actúan de la forman en la que lo hacen, por que defienden lo que defienden y definitivamente por que terminan así. Y en cuanto a los personajes femeninos, tampoco entiendo muy bien lo que dices. Solo con recordar a Jia , el sacrificio de Kikomi o la general Matiza, la verdad, no concuerdo nada con tus palabras. Y en realidad Ken Liu tampoco se inventa nada, aparte de dotar de un poco de elementos steampunk como el globo o la ballena mecánica a la saga de la dinastía de Han. Pero bueno, para gustos colores, no siempre se puede coincidir. Un abrazo^^

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