lunes, 17 de julio de 2017

#RESEÑA - BRAZALES DE DUELO de B. Sanderson



Título: BRAZALES DE DUELO
Autor: BRANDON SANDERSON
Editorial: NOVA
Páginas: 510
Traductor: Manuel de los Reyes 


 

Cuando Brandon Sanderson anunció que su saga Nacidos de la Bruma se extendería más allá de la trilogía original nos dio una alegría a todos. pocas veces he disfrutado tanto de una historia. Primero llegó Aleación de Ley, individual, un aperitivo, una presentación. Luego empezó de verdad con Sombras de Identidad, buena, con gran evolución de personajes y un villano decente. Ahora por Fin llega Brazales de Duelo con la promesa de muchos secretos, más información sobre el Cosmere y una trama más trascendental y global que la de sus predecesoras. Y ciertamente lo es pero lo que da por una lado, lo resta por el otro, empezando por el escenario y siguiendo por la trama.

Brazales de Duelo trae de nuevo a Wax y Wayne, la pareja protagonista y a mi juicio la que más química ha logrado crear el autor de Nebraska. A su lado tenemos al resto, Marasi, absurdamente relegada a un infinito sentimiento de inferioridad y al ostracismo, Steris, culpable en cierto modo de la caída de Marasi y la gran ganadora del libro, y MeLann, que salvo en el último tercio, ni pincha ni corta y parece dedicarse a dar más juego al memorable personaje de Wayne. Mi favorito de largo.
Son buenos personajes, de hecho, ya dije que como protagonistas me gustan más que Vin y Elend, pero lo que Sanderson no consigue mantener es el equilibrio entre ellos algo que sí tenía Nacidos de la Bruma.



Pero vamos a lo principal: la trama, al mismo tiempo lo mejor y lo peor de la obra. El mundo de Sanderson, su famoso universo, el Cosmere, toca de forma fundamental Brazales de Duelo, ampliando sus fronteras mucho más allá de lo que hemos visto hasta ahora. Seguiremos sin saber nada del misterioso Trell —aunque hay algunas teorías interesantes por ahí— pero sí que aparecen nuevas verdades que cambian por completo el panorama que envuelve la historia. Habilidades, personajes y revelaciones de antiguos secretos salpican la última parte de la novela, a veces incluso demasiado de golpe para mi gusto.


Estas revelaciones son lo mejor de la novela sin ninguna duda, la apertura del mundo hacia el universo del Cosmere y su inclusión en peleas de dioses con un alcance interplanetario, valen en sí mismo el precio y la lectura de Brazales de Duelo. Tenemos incluso una nueva aparición de Hoid que como siempre genera más intrigas e incertidumbre a cada paso que da.

Por otro lado está el Grupo, la organización que parece estar detrás de todo lo malo en el mundo de Wax y gracias al cual observaremos como la Cuenca de Elendel no es ni mucho menos el centro del mundo como parece serlo para Wax y Wayne. Y aquí empiezan mis problemas con la novela.
Hasta ahora siempre nos hemos movido en la ciudad de Elendel, cuna de la civilización y paraíso entregado por Armonia a la humanidad, conocemos sus avances, sus luchas y su conformismo.


Sabemos que hay una gran disputa por el excesivo centralismo de la urbe en la cuenca de Elendel del que el resto de ciudades menores siempre se quejan. Bien, sabemos, y además con mapa incluido, que por fin Wax va a salir de la ciudad y vamos a poder ver más mundo, lo cual siempre ha sido uno de los puntos fuertes de Sanderson. Esperaba un escenario a la altura de los que había creado anteriormente y el mapa de Nueva Seran parecía cumplir con ello. Pues bien, la historia está exactamente menos de un día allí. Fin del escenario. Luego al camino, al polvo y a una cabaña grande en medio de la nada y algo de nieve de montaña al final. Eso es todo el escenario que hay. Me hubiese gustado más conocer la ciudad a fondo, y de paso algunas otras, ver realmente hasta donde llega la búsqueda de independencia, los riesgos reales de una posible guerra civil, las facciones, las corrientes políticas, etc. Digamos que una complejidad mundana más allá de la obvia complejidad del universo, de dioses y poderosos sobrenaturales.

Sanderson deja esto de lado y lo apuesta todo al buenos y malos. Wax, Wayne, Marasi, Steris y MeLann contra El Grupo. A eso se resume todo, los que no estén en un lado, están irremediablemente en el otro. Demasiado simple. El Grupo, con Mr. Elegante a la cabeza, es el mal, todo lo saben y todo lo pueden y más allá de su sombra no hay otros poderes a nivel terrenal. Son muy malos y Wax muy noble. La guerra civil no deja de ser una quimera de humo, una amenaza vacía por la que en realidad nadie se preocupa realmente, igual que los Áridos que en los flashback promete pero nunca los vemos.



Al final, la trama es un homenaje a las películas de aventuras y la búsqueda de tesoros —faltaba ver a Indiana Jones buscando el grial, de hecho el templo final es casi idéntico a la película—, un persecución simplona, con poco de detectivesco en la que todo está enfocado al descubrimiento que se hace a mitad de la novela y al enfrentamiento final, sin apenas nada para rellenar los huecos más que escenas que ya hemos visto. La búsqueda de la famosa reliquia incluso se pierde de vista por momentos.

Con todo, pese a que la trama pide a gritos más páginas y sobre todo, subtramas, Sanderson demuestra que es muy bueno en lo suyo y crea una obra adictiva y entretenida desde la primera página.

No diré que no es un buen libro, lo es, pero para los estándares sandersonianos ha quedado una obra plana salpicada de perlas de información sobre el Cosmere y un epílogo que vale el libro entero por sí mismo. Un bizcocho con algún trozo de chocolate está rico pero al final sabes que lo te ha hecho pagar es el chocolate y el biscocho en sí tiene poco sabor en comparación. 

De la edición poco que decir. Nova edita y Manuel de los Reyes traduce, si eso no es garantía de calidad que baje Armonía y lo vea. 


jueves, 6 de julio de 2017

#RESEÑA - LA ÚLTIMA PRIMAVERA de Concepción Perea



Título: LA ÚLTIMA PRIMAVERA

Autora: CONCEPCIÓN PEREA

Editorial: ALIANZA-RUNAS

Páginas: 580




 
Cuando leí La Corte delos Espejos de Concha Perea, no me costó catalogarla como la mejor novela de ciencia ficción escrita en español. No fui el único, pero para mi fortuna, el haber tardado tanto en leerla ha reducido mucho la espera hasta su segunda parte. Han tenido que pasar 4 años desde las primeras aventuras de Nicasia y Dujal, cambio de editorial incluido, para que podamos volver a TerraLinde y disfrutar de sus personajes. Esperemos que la próxima historia de Concha no tarde tanto porque ha vuelto a demostrar que es una de las grandes escritoras de este país. La Última Primavera es una más que digna continuación y sin duda, uno de los libros del año.

La historia empieza apenas una estación después de los acontecimientos de La Corte de los Espejos. Ha pasado todo un invierno en el que han curado heridas, cultivado amistades e intrigas, creado enemigos y sellado pactos y alianzas cuyas consecuencias amenazan con estallar en la primavera y llevarse por delante toda TerraLinde.

Como ya sucediese en La Corte de los Espejos, el gran peso de la novela lo lleva Nicasia y ni siquiera Dujal o Marsias consiguen quitarle protagonismo. Tenemos también nuevos personajes, como Siobhan, una elfa venida a menos que vive oculta en la caravana de los Ibn Bahr, o Arminta, la hermana de Hyarmen, y con una personalidad bipolar basada en la ambición sin límites y una eterna sobrevaloración de sus capacidades. Pero ninguna de las dos consigue transmitir la misma fuerza que nuestros viejos conocidos, especialmente Arminta, que creo que se cae a pedazos en cada aparición. Considero que este es uno de los peros que se le puede poner a la obra, pues en una novela con tantas tramas secundarias, sus personajes de peso deben tener fuerza suficiente para no perderse en las aguas embravecidas. 



Esto no quita que Concha sea una excelente creadora de personajes, quizá por sus partidas roleras, quien sabe, pero el caso es que consigue dotar a sus personajes de una vida y personalidad increíbles, eso se nota incluso en los más secundarios, o los que apenas tienen unas líneas. Incluso mi odiada Arminta, cuya bipolaridad, aunque cansina, no aparece de golpe, es frecuente y un rasgo de su forma de ser. No obstante, sí es cierto que el enorme peso que tienen Nicasia, Marsias y Dujal, hace imposible que haya hueco para nadie más y desequilibran la novela.

Respecto al mundo qué puedo decir que no haya dicho ya con La Corte de los Espejos. TerraLinde es amplio, complejo, profundo, caótico y muy diverso. Poblado por toda una jerarquía de razas —muy bien explicadas además en el glosario que se incluye al final— que no solo se ve en el eje vertical, también a lo horizontal. En un mismo escalón hay una multitud de diferencias, desde tradiciones, culturas o puntos de vista, que expanden el mundo hasta borrar sus fronteras. A todo esto se une el precioso mapa desplegable que Alianza ha incluido en la edición, decisión que aplaudo y felicito. Su autor es Manolo Casado, de @epicmaps y ha conseguido un toque que le va muy bien a la novela, enhorabuena. Ya aprovecho y llamo la atención sobre algunos errores en la corrección, sobre todo en el último tercio, cuestión editorial y no de autoría, que manchan la lectura de forma innecesaria. 



En cuanto a la trama, debo decir que me ha gustado mucho más el planteamiento inicial que el de su predecesora pero sin embargo, terminó enganchándome más el final de La Corte de los Espejos. Creo que hacia la mitad de la obra la trama retoza demasiado, se pausa, los actos de los personajes se vuelven casi costumbristas y Concha da demasiada información que no necesitamos. En cambio, en la parte del desenlace, parece solucionarse todo demasiado deprisa y vuelve irrelevante muchas subtramas, quizá eliminar páginas de esa parte central y meterlas al final hubiese conseguido un efecto genial. Me da la sensación de que al final se pierde de vista el objetivo principal y nuestra atención se centra en problemas más mundanos.

Eso sí, ver a DamaMirlo otra vez ha sido un placer y sus apariciones marcan los mejores puntos de la novela. Conoceremos por fin a la famosa reina Silvania, que ha resultado un poco sosa, casi como si estuviera ahí por obligación, y al gran Aglanor, que debo decir, ha sido decepcionante. Un malo del montón y no el gran villano, listo e inteligente que nos habían pintado, aunque hace alguna cosilla que sí ha sido digna de su fama.



Sigo pensando que el gran acierto de Concha reside en haber dotado a su mundo de una historia sobre el cual asentarse, un trasfondo sublime en forma de guerra civil que, pese a llevar años finalizada, sigue muy presente en todos los aspectos de la vida de las hadas y marca muchas decisiones del reino —¿esto no le suena a nadie?—; conocemos esta guerra a coletazos, gracias a menciones de los personajes y algún que otro viejo relato de los excombatientes. Sería genial que alguna vez Concha pudiera sentarse a escribir que sucedió realmente en la famosa Guerra de la Reina Durmiente.

Por desgracia, el desenlace no está a la altura de la novela, Aglanor, como he dicho, decepciona y eso que aparece presentado en un prólogo que nos pone los dientes largos, la solución final es un poco agridulce y devalúa un poco todo lo que ha ido sucediendo durante la novela, incluso se ve de refilón cierta mano del deus ex machina por ahí.

Aún con todo, Concha Perea lo vuelve a hacer y demuestra una vez más que la fantasía nacional tiene muchos y muy buenos argumentos en su mano para seguir apostando por ella.

La Última Primavera es una secuela de mucho nivel y un ejemplo de que las hadas, como la fantasía nacional, son mucho más de lo que parecen a simple vista.

Y viva Nicasia, hombre, que se merece unas vacaciones.


jueves, 29 de junio de 2017

#RESEÑA - LA QUINTA ESTACION de N. K. Jemisin

Título: LA QUINTA ESTACIÓN

Autora: N. K. JEMISIN

Editorial: NOVA

Páginas: 446

Traducción: David Tejera Expósito

 




De tanto en tanto aparece un libro cargado de hype, promesas de calidad y buenas intenciones. Nueve de cada diez veces esto queda en nada, polvo en el aire, pero a veces se produce el milagro. N. K. Jemisin ha conseguido con La Quinta Estación cumplir y mejorar las expectativas que tenía en su obra.


No debería ser noticia ni un hecho destacado, no debería ser tan notable como para convertirse en lo primero a mencionar de una obra pero lamentablemente lo es: hablemos de géneros.  Jemisin nos da cuatro personajes principales: tres mujeres —cada una perteneciente a un rango de edad, desde una cría hasta una mujer madura— y un hombre. Las tres mujeres se definen por sus acciones no por su relación con nadie y mucho menos un hombre, ni por su físico o género. El tema del sexo también es fundamental y Jemisin no lo ha dejado de lado, más bien al contrario. La relación de dos de los personajes está estrechamente ligada al sexo y no como os podáis imaginar, pero siempre con naturalidad y cierta crudeza; llegamos a tener incluso relaciones homosexuales y tripartitas que entran en la novela con la soltura y calma que siempre deberían tener. La Quinta Estación es una prueba de que eso que algunos iluminados llaman propaganda o libretos panfletarios no existe cuando se hace como debe hacerse; es un elemento más, como una guerra, una relación amorosa o la muerte, se llama naturalidad. Sinceramente, me ha encantado, visibilización y normalización. Chapeau.


Por si fuera poco, Jemisin además incluye otro tema que parece seguir escociendo hoy en día: la discriminación racial. En el mundo de La Quinta Estación es algo palpable y un reflejo bastante fiel de lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo. La ficción no deja de ser una muestra de la realidad aunque sea bajo capas de imaginación.



Pero empecemos por lo fundamental. En el mundo de Jemisin solo hay un continente, enorme y azotado por constantes cataclismos, ya sean terremotos, tsunamis, erupciones y todo lo que estos fenómenos conllevan: sequías, hambrunas o plagas. En este mundo tan poco propicio para la vida, la humanidad ha ido aprendiendo cómo sobrevivir a base de ver alzarse y caer civilizaciones bajo la furia del padre tierra. Así, a través de un aprendizaje transgeneracional de boca de los pocos supervivientes, han establecido un código de pautas y conductas llamado litoacervo para asegurarse la supervivencia en la próxima y temida quinta estación —el nombre que llevan los cataclismos recurrentes que azotan su mundo— y lograr asentarse. Su sociedad se divide en un sistema de castas y cada habitante tiene tanta importancia como útil sea su casta y él mismo como individuo.


En medio de todo esto están los Orogenes, humanos —aunque hay quien no los considera así— dotados de la capacidad de controlar la tierra y todo lo que ello supone, como desatar o contener cataclismos. Son perseguidos por temor a que causen alguna catástrofe y se ven obligados a vivir en una academia estricta en la que perder el control significa la muerte. Todos nuestros protagonistas son orogenes y sufren la discriminación diaria que eso supone y que la pluma de Jemisin se encarga de transmitir al lector, llevándonos a sentir lo que nadie debería jamás permitir. La autora consigue que la comparación con la comunidad negra sea inevitable y no tengo ninguna duda de que era su intención. Si esto fuera poco, la genial traducción de David TejeraExpósito nos remarca esto gracias a su decisión de traducir el término despectivo con el que se dirigen a os Orogenes como Orograta —no hace falta ser un genio para ver dónde se ha inspirado con gran acierto en mi opinión—. No es su único acierto, todos y cada uno de los términos son una maravilla. Que disfrutemos tanto su lectura se debe en gran parte a su magnífica traducción, de las mejores. Todo esto hace que la sensación de injustica social y odio inconsciente y autoimpuesto sea prácticamente palpable.



«La ciencia ficción bien escrita explica el mundo», lo decía Jemisin en una reciente entrevista a raíz de la publicación en nuestro país de La Quinta Estación de mano de la Nova —otra medalla más para ellos y su colosal catálogo—. No puedo estar más de acuerdo igual que no puedo dejar de admirar que sea tan consecuente con ello en sus novelas.


Un rasgo definitorio de la obra es su estilo. Probablemente sea lo que primero te llama la atención. Es extraño, a veces parece absurdo, salta incluso entre segundas y terceras personas pero se mantiene casi siempre en un narrador testigo que parece salir de la propia protagonista, como si desdoblase su personalidad. Al final lo entiendes perfectamente pero cuesta cincuenta páginas acostumbrarse, lo mismo que comprender un poco qué está pasando, porque aviso ya, el wordbuilding aquí es brutal pero no hay una mísera línea explicándotelo. Si lo coges, bien, si no pues esfuérzate un poco más que merece la pena.


Poco más que decir porque no quiero arruinar las sorpresas, simplemente decir que es una novela diésel, va cogiendo fuerza con cada página y las últimas cien son trepidantes. Se toma un par de descansos durante el camino, hay un tramo incluso en el que parece una novela viaje a la antigua usanza pero es solo un descanso para coger aire. La novela contiene dos grandes giros y aunque el primero es más previsible y por eso se disfruta un poco menos, el segundo consigue dejarte con la cara del revés y una sonrisa de satisfacción.


La Quinta Estación es una joya, una de esas obras que salen en todos los tops del año y merecidamente, no por nada ha ganado el Hugo 2016 por mucho que haga rabiar a aquellos que poco disfrutan de su unión entre una historia fascinante y el reflejo de las injusticias y los kilómetros de camino que nos quedan por recorrer para hacer que sus reclamos sean innecesarios.