domingo, 19 de marzo de 2017

#RESEÑA - ESTADOS UNIDOS DE JAPÓN de P. Tieryas



 Autor: PETER TIERYAS
Título: ESTADOS UNIDOS DE JAPÓN
Editorial: NOVA
Páginas: 408
Traducción: José Heisenberg

 




Hace unas décadas, Japón ganó la Segunda Guerra Mundial. Los estadounidenses adoran a su infalible emperador y nadie cree que la conducta de Japón en la contienda no fuera ejemplar. Nadie excepto los George Washingtons, una facción proestadounidense que intenta recuperar la gloria de los viejos Estados Unidos. Su última táctica subversiva es distribuir un videojuego ilegal que pide a los jugadores que imaginen cómo sería el mundo si Estados Unidos hubiera ganado la guerra. El capitán Beniko Ishimura se dedica a captar posibles traidores, cuando un día recibe una misteriosa llamada del general Mutsuraga, y su vida se convierte en una montaña rusa que le llevará a conocer a Akiko Tsukino, una oficial de la policía de Tokio que intenta descubrir la relación de Ishimura con el videojuego que algunos insurgentes están usando para avivar el nacionalismo estadounidense. Pero los orígenes del videojuego subversivo son aún más polémicos y peligrosos de lo que nadie sospecha…


En 1962, Philip K. Dick sorprendía al mundo con una obra que redefiniría el término de las distopías: El Hombre en el Castillo. En ella, Estados Unidos no socorría a los Aliados en la Segunda Guerra Mundial, lo que suponía la victoria del Eje y la posterior derrota de Estados Unidos cuando Japón y la Alemania Nazi atacan por este y oeste el territorio norteamericano. 




Peter Tieryas, autor relativamente desconocido para el gran público aunque con nombre en la industria de Hollywood ha retomado el concepto distópico de Philip K. Dick creando la secuela espiritual de su novela con Estados Unidos de Japón. Aquí, como en la novela de 1962, los Estados Unidos han sido derrotados pero esta vez están en poder de Japón, cuyo imperio es la primera potencia mundial y la Alemania Nazi ocupa el segundo lugar, centrada sobre todo en Europa.

Una premisa antigua, un mundo nuevo y una obra incapaz de dejar indiferente a nadie. Estados Unidos de Japón es un golpe directo a dónde más duele y una enorme carta de presentación de su autor, que ha creado una de las maravillas de los últimos años. Opresiva, oscura, terrorífica a ratos y perfectamente construida.

La novela sigue a dos personajes que parten desde puntos completamente opuestos pero acaban llevando caminos paralelos. Con una estructura alternativa de puntos de vista, veremos como un mismo mundo cambia radicalmente desde los ojos de Beniko Ishimura, censor de videojuegos y un hombre cínico donde los haya, abocado a una tristeza existencial derivada de su falta de fe en un Imperio que ha abandonado todo lo que le hacía honorable y que al mismo tiempo lo alaba en público y desconfía en privado dado que entregó a sus padres a la policía acusándolos de traición cuando solo era un niño. En cambio, la mirada fanáticamente fiel de Akiko Tsukino, una oficial de la Tokko (la policía secreta japonesa), persiste incluso cuando su propia figura es cuestionada y sufre en sus carnes el mismo trato que ella acostumbra a dar a los enemigos de su amado Imperio. De esta forma Tieryas consigue una gran reflexión sobre la censura y el fanatismo exacerbados en un estado totalitario donde las libertades no existen y los ciudadanos son juzgados y observados de forma continua. 




Es mucho lo que, en este aspecto, bebe de 1984, pues las unidades de vigilancia son muy parecidas y hay incluso una suerte de policía del pensamiento que se encarga de salvaguardar la figura del Emperador incluso en las intimidades del hogar.

Hablemos de la trama. Todo gira en torno a un videojuego llamado Estados Unidos de América —sí, no ha sido el mejor nombre que se le ha ocurrido al autor—, que representa el mundo como si los EE.UU. hubiesen salido victoriosos y obliga a los jugadores a ponerse en la piel de los estadounidenses en las batallas, lo cual, claro está, no hace ninguna gracia a los altos cargos del imperio japonés. Tan controvertido juego ha sido desarrollado por el antiguo general japonés Mutsuruga, ahora un traidor del imperio que apoya a la resistencia americana y que había estado relacionado con Beniko Ishimura dado que trabajaron estrechamente y además había sido muy amigo de su hija. Esta trama, que como vemos calca prácticamente el planteamiento de El Hombre en el castillo, es el punto de partida para una serie de acontecimientos que nos irán descubriendo el mundo de la disciplina japonesa y la paranoia censora del gobierno. La vida vale en tanto sirvas al imperio, todo lo demás es innecesario. Es una de las cosas que más impactan de la novela, el poco valor que tiene todo, incluso la vida misma. Las torturas son sencillamente brutales y ni siquiera la resistencia americana, los llamados George Washington, actúan de forma menos radical. La escena de las hormigas es de lo más dantesco que he leído últimamente y un giro inesperado que demuestra que los personajes son lo bastante fuerte como para sobrevivir a una trama y un mundo que devora todo lo que toca sin contemplaciones.




Lo mejor de la novela es la ambientación, sin ninguna duda. El mundo que idea Tieryas destaca en cada rincón y palpita una brutalidad impresionante. Tieryas juega además con la idea de la tecnología, imaginando que un mundo dominado por Japón desarrollará avances a mayor rapidez que el nuestro, por lo que tenemos equivalentes a móviles táctiles e internet mucho antes de lo que en realidad se dio y unos avances médicos y biológicos con los que todavía soñamos. Eso sí, hay algo que apenas tiene importancia: los mechas. Sé que la portada mola mucho, que a todos nos entusiasman los mechas y que babeamos solo de pensarlo, pero Estados Unidos de Japón va de todo menos eso. Hay mechas sí, cuatro escenas, tres de ellas en las que se limitan a andar sin más y lanzar un par de misiles. Pero Tieryas, sabedor de lo gusta, nos ha dejado un combate entre mechas al final para quitarnos el gusanillo, pero es secundario. No esperéis un Pacific Rim ni monstruos, la novela no va de eso.

Ahora bien, presenta algunos problemas, fallos absurdos como la escena de la isla cárcel final, que es básicamente un contrasentido tras otro, o toda la subtrama de las peleas a muerte de videojuegos que resulta algo forzada. El tufillo que desprende a idealismo libertario americano tampoco me gusta pero qué le vamos a hacer, al menos no ha plantado una bandera de barras y estrellas ondeando al viento mientras una niña de voz pura canta el himno. La otra gran pega es el abismo empático entre personajes, mientras que Beniko sí consigue llegar al lector, Akiko queda en segundo plano y personalmente esperaba que se la cargaran a cada página. Sé que el autor buscaba transmitir la frialdad de la policía secreta pero queda mal montado con los datos que nos da sobre la vida privada de Akiko.


Como apunte final, debo decir que el tema del cristianismo evolucionado me ha gustado mucho, con una segunda llegada de un nuevo mesías combativo para sobrevivir a la pérdida de fe de la resistencia. Ha sido un giro muy ingenioso.

Como es costumbre, de la edición solo podemos hablar maravillas. Una portada sensacional, una corrección y maquetación muy cuidadas acompañando a una traducción maravillosa que no ha debido de ser nada fácil. Felicitaciones a José Heinserberg, traductora, y a Nova, que hace tiempo ha convertido su sello en sinónimo de calidad.

Estados Unidos de Japón es una novela de desagarro social, de los peligros de un totalitarismo global sin oposición y de la brutalidad que puede alcanzar el ser humano retroalimentándose de lo que sufre para infringírselo multiplicado por dos a los demás.  Y no, no es una novela de mechas. Enhorabuena Peter Tieryas, Philip K. Dick estaría orgulloso.



martes, 14 de marzo de 2017

¿POR QUÉ LEER LOS CLÁSICOS?: LOPE DE VEGA Y EL PERRO DEL HORTELANO


"Los clásicos", esa categoría casi carpetovetónica de la literatura que abarca desde La Eneida hasta Bajarse al moro -con la amplitud de temas, estilos y obras que este abanico compone-, esos libros que tanto respeto imponen, que tanto han hecho sudar a alumnos de secundaria durante eónes, que tantas estanterías de filólogos llenan.

Menudo coñazo, ¿no? Pues no. 
Los clásicos son sagrados por algo que los hace así. En esta nueva sección de nuestro blog, iremos analizando algunos de los clásicos de nuestra literatura para ver cómo a pesar de los años que nos separan del momento en el que se escribieron, siguen teniendo perfecta vigencia en nuestros días. Por qué, en definitiva, merecen ser llamados clásicos.

Así que sin más dilación hablemos de Lope.

Félix Lope de Vega y Carpio
 Si alguien en el Madrid del Barroco conocía bien a las mujeres, ese alguien, sin lugar a dudas, era Lope de Vega ¿Tenéis duda de esto? Algo creo que debería conocerlas después de tener tantísimas amantes como tuvo. Vamos, digo yo.
Pero, ¿por qué nos interesa esto?

Básicamente porque la obra de la que vamos a hablar hoy, El perro del hortelano, es una obra sobre una mujer.

La comedia fue publicada en 1618 en una recopilación de obras, la Oncena parte de comedias de Lope de Vega Carpio, bajo el beneplácito y la supervisión del propio Lope, lo que para la época ya era un adelanto considerable. Como todas las comedias de Lope, salvo quizá El castigo sin venganza que por su temática más dramática no acabó de cuajar en la sociedad barroca de la época, El perro del hortelano fue un rotundo éxito. Y aún lo sigue siendo: recordemos que una de las películas más galardonadas en los premios Goya de 1997 fue la adaptación de este clásico a la gran pantalla de la maravillosa mano de Pilar Miró. Una película en verso. Siete premios Goya. Inaudito.
 
También cabe destacar que no fue la primera vez que esta obra de Lope se llevó al celuloide, ya que en 1977, en la antigua URSS, Yan Frid dirigió un The dog in the manger en ruso. Sí, los rusos rodaron a Lope el mismo año que se mandó la Voyager I al espacio, el mismo año que Bowie sacó Heroes. Me lo dicen y no me lo creo.

Pero, ¿por qué? ¿Qué hace que una obra sobre una condesa que se enamora de su criado con el que no se puede casar por ser de distintas clases sociales y que pone patas arriba a todo su condado para conseguirlo siga teniendo vigencia ahora mismo?


Cada época tiene una respuesta para esta pregunta. Nosotros sólo podemos contestarla desde nuestro momento histórico y con nuestra propia óptica.

Aquí llegamos a un punto conflictivo. Nunca se debería de leer con la óptica de nuestro tiempo una obra de hace cuatrocientos años, o eso nos dicen en multitud de ocasiones los grandes de la filología y el análisis literario. Es verdad. Pero sólo a medias. Es cierto que si queremos leer El Quijote tendremos que acercarnos lo máximo posible a la mentalidad de la época. Pero analizar obras desde nuestro punto de vista histórico, tiene sus ventajas; fundamentalmente podemos ver lo avanzado de un pensamiento, lo que Freud llamaba la sensibilidad del artista. Una especie de sexto sentido que es lo que garantiza que la obra después se considerada como un CLÁSICO.

Hace poco se representó en el Teatro de la Comedia de Madrid El perro del hortelano dirigido por Helena Pimenta y algunas de las críticas (como esta o esta) señalaban que estábamos ante una versión más "feminista" de la obra.

¿Podemos hablar de feminismo en la obra? Está claro que históricamente, no creo que Lope estuviera haciendo un alegato a la igualdad de elegir marido en una época en la que el heteropatriarcado era más poderoso (casi) que la Iglesia o el rey. Pero muchas veces pensamos que porque una obra sea anterior a los primeros movimientos feministas del siglo XIX se nos va a mostrar mujeres oprimidas, sumisas y obedientes. No hay una idea más equivocada que esa.
Es curioso, y los que hemos podido estudiarlo aún negamos con la cabeza al pensar en ello, que al comparar obras escritas por mujeres y obras escritas por hombres de la misma época, las mujeres siempre, siempre, muestran mujeres más oprimidas, más débiles, más manipulables que las que los hombres escriben. Hagan la prueba, lean a Tirso y comparen sus mujeres con las de Ana Caro de Mallén.

O lean a Lope, lean El perro del hortelano, lean cómo una condensa que no tiene que rendirle cuentas a ningún hombre porque ella sola se ocupa de su condado, rechaza a dos partidazos por estar con el criado, lean como rompe todo el status quo de una época, lean como la lucha entre lo que debe hacer y lo que quiere hacer acaba decantándose a favor de lo que ella desea, lean como ejerce su poder para su propio beneficio sin importarle las consecuencias que pueda tener esto sobre la vida de otros, lean como acepta construir su nueva vida sobre una mentira a la sociedad porque le beneficia.

Claro y sencillo, amigo Lope

El Príncipe de Maquiavelo no lo podría haber hecho mejor que esta señorita. Sin embargo, sobre Diana de Belflor, protagonista de la obra, siempre se ha leído que era una histérica, una inestable emocional si lo prefieren, por los cambios de humor que sufre en la obra, pero que no son más que el resultado de la lucha entre lo que el heteropatriarcado espera de ella (que su condado pase a manos de su marido cuando por fin elija uno) y lo que ella realmente quiere (dirigir su casa hasta que se enamore de alguien verdaderamente). Y mira, pocos líos monta la muchacha para toda la movida que es eso.

Al final (y no, no pienso poner un spoiler alert porque la obra cumple el año que viene 400 primaveras) consigue casarse con Teodoro ayudada de una mentira más gorda que las de Botero. Teodoro consigue ser conde y medrar en la escala social, sí, pero sabiendo que es mentira, ¿qué nos evita pensar que va a ser Diana, una mujer criada y preparada para dirigir su condado, frente a un muchacho que toda la vida ha sido secretario, la que se ocupe de los dos condados que se unen con su matrimonio? ¡BAM! En tu cara, heteropatriarcado.

Si esto ocurre así o no, ya no lo sabemos, pero no me podrán negar que el material que nos da Lope es bastante feminista (o protofeminista si lo preferien) por sí mismo.

Pues por eso hay que seguir leyendo los clásicos.

Y si quieren leer este, recomendamos encarecidamente la edición de Antonio Carreño para Austral. La edición de Cátedra se apoya en su estudio, no decimos más. 

lunes, 13 de marzo de 2017

#CRÍTICA - LA BELLA Y LA BESTIA

 LA BELLA Y LA BESTIA -  BILL CONDON




Lo mejor: Que llegas a casa y disfrutas del clásico de 1991.
Lo peor: Las interpretaciones, la dirección, los efectos especiales…
Puntuación: 2/10

¿Es La Bella y la Bestia (2017) la peor película Disney de los últimos años? Rotundamente, sí. Se entra con ilusión a la sala y se sale con un halo de decepción enorme, de ver algo que está hecho sin alma, sin emoción y sin pasión. Que esto ha sido realizado en piloto automático, cogiendo los mejores momentos de la versión animada de 1991, dándoles un lavado de cara e incluyendo alguna secuencia nueva que no aporta nada o que, directamente, da vergüenza ajena. La Bella y la Bestia no tiene nada bueno, va por caminos mal planteados, forzados y sobreactuados. Bill Condon (Mr. Holmes) no sabe qué hacer con el material que tiene entre manos y realiza una película que es más una TV Movie de sobremesa que una cinta que tendría que ser recordada. En una palabra, La Bella y la Bestia (2017) es horrible.



La Bella y la Bestia (2017) comete un error enorme al intentar que la nostalgia haga efecto en el espectador y pensar que ya todo está hecho. Así, la película está estructurada alrededor de esos grandes momentos que han quedado en la memoria de todos gracias a la cinta de animación. Pero todo está mal estructurado y forzado. Las canciones entran a destiempo, están mal realizadas y las canciones añadidas son realmente malas (la canción en solitario de La Bestia es más parecida a Los Miserables que al propio clásico). El guion quiere seguir la cinta de animación, pero en lugar de mejorar o intentar innovar respecto a aquella, la historia se alarga hasta la saciedad, explicando cosas que en la de animación se sobre entendían, ahora se da una vuelta de más, alargando la historia y convirtiéndola en un sopor. No sería un sopor si el ritmo de la misma fuera bueno, que no tuviera bajones, pero La Bella y la Bestia (2017) es de todo menos entretenida.

Es inevitable pensar en la cinta de 1991, una cinta que duraba 80 minutos y te emocionaba desde el primer minuto. Esta La Bella y la Bestia (2017) dura 135 minutos y parece que dura 200. Las sub tramas introducidas dan vergüenza ajena y parece que las han metido para alargar la cinta, porque si algo no llega a las dos horas pues parece que no merece la pena. Sin entrar en detalles de cada trama, la más vergonzante que podéis encontrar es la que trata sobre la madre de Bella, un libro mágico y viajes. De levantarse e irse. Antes he mencionado la nostalgia como uno de los factores que peor han sabido tratar en la nueva versión, pero es que tampoco se han molestado mucho en pulir los efectos especiales. El libro de la Selva (2016) tenía unas animaciones increíbles, veías a los animales y pensabas que eran de verdad. En La Bella y la Bestia parece que los han hecho rápido y corriendo. En muchos momentos, incluso la Bestia está mal animada, tiene movimientos raros. Y esto, en una producción de este calibre es imperdonable.