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viernes, 15 de enero de 2016

RESEÑA - UNA LLAMA ENTRE CENIZAS, S. TAHIR



Después de la agradable sorpresa que me llevé con Amanecer Rojo, decidí ver si mi racha en la llamada “distopía adolescente” continuaba. Así que me dejé engatusar por el hype y pronto tuve en mis manos Una Llama Entre Cenizas de Sabaa Tahir.

Error. Y error de los gordos.


“La acción de Los Juegos del Hambre, la épica de Juego de Tronos, la heroicidad de Divergente y la ambientación de Gladiator” Así se vendía este libro, escrito tal cual venía en la portada. Bien, no sé a qué iluminado se le ocurrió semejante disparate de pero me imagino que le encargaron meter el nombre de todo lo que sea conocido y pinte bien en una fórmula breve que de publicidad; si es así, olé, porque la jugada le ha salido perfecta, nos la han colado, pero del todo. Una Llama Entre Cenizas no tiene acción ni épica alguna (y mucho menos la de Juego de Tronos), la heroicidad está cogida con pinzas y de la ambientación hablaremos más adelante, pero vamos, han puesto Gladiator como podían haber puesto cualquier cosa donde salía un romano.

Vamos por partes, Tahir nos trae una historia narrada desde dos puntos de vista, el de Laia y Elias. La una es una académica, lo que significa que pertenece a los restos de la población de un antiguo imperio basado en el conocimiento, ahora ese imperio ha sido conquistado y sus miembros esclavizados. Ella, junto a su familia sobrevive como puede bajo el yugo de los Marciales, los conquistadores, a estos guerreros pertenece Elias, nuestro segundo punto de vista. Para más drama, está  a punto de convertirse en un Máscara, un guerrero de élite de los Marciales. Así pues, vemos un punto de partida muy prometedor, con un mundo similar a la organización romana, con una casta de esclavos sometidos y otra de conquistadores. Hay que decir que el libro empieza bien, rápido, sin medias tintas, y nos presenta a los personajes sin tiempo para asimilarlo, contra todo pronóstico la fórmula funciona y pronto empatizamos con ellos. El problema viene después, cuando Laia, pasado un capítulo (¡uno!), contacta con la ¿esquiva? rebelión. A partir de ese momento, Tahir se esfuerza por meternos a una Laia débil y cobarde con calzador, repitiendo hasta la saciedad lo mal que se siente por todos y lo deprimida que está. Entre medias, vemos la preocupación por su hermano que la lleva a aceptar un trato a todas luces sin sentido pero bueno, lo aceptamos. El problema no es la trama si no cómo está llevada y sobre todo, como están tratados los personajes respecto al argumento. Sinceramente, daban para más y en el principio lo demuestran.

Elias pasa de ser un personaje valiente y con juicio propio a convertirse en un perro faldero babeante cuando conoce a Laia. No digo que no pueda meterse el amor, pero no de sopetón y de forma tan abrupta que los personajes cambien radicalmente. 

Y ese es el gran problema de la novela, sus personajes. Laia y Elias son absurdos, quizá Laia un poco más, pero van casi a la par. Los secundarios, bien metiditos en sus trajes tejidos con cada cliché del género, son tan previsibles que a veces es hasta insultante y para colmo, la autora se ve en la necesidad de repetirnos la situación una y otra vez. Ya sabemos quién ama a quién, ya sabemos quién tiene celos, cuál es el amor secreto y quién esconde algo. Es obvio, tus personajes lo repiten veinte veces, no hace falta que lo hagas tú también.

No quiero desvelar nada de la trama, pero hay dos personajes que sobresalen en la novela por encima de todos. El primero es la Comandante de Risco Negro, la antagonista, malvada, cruel y todos los adjetivos que puedas imaginar, pero tiene planta, es consecuente y actúa según su poca cordura le dicta, tiene unas motivaciones ocultas que intrigan y esconde secretos que apenas alcanzamos a conocer, eso la hace enormemente más interesante que los dos protagonistas juntos. El segundo es en realidad un grupo, los Augures, quizá la parte más fantasiosa de la novela. Capaces de hacer magia, inmortales, con el don de la profecía y una red de intrigas que no acaban de dejarnos claro si están de un bando o de otro. Sus apariciones coinciden con los mejores momentos de la obra y nunca decepcionan.

Por otro lado tenemos a la resistencia, que tienen más nombre que otra cosa. El que debería ser su líder fuerte, da más la sensación ser alguien muy cabreado y poco más. El gran héroe de los rebeldes que nos pintan al principio cuando Laia los encuentra, acaba por convertirse en la tercera pata de un triángulo amoroso tan poco creíble como mal llevado. De hecho, la sensación general al finalizar la novela es que los secundarios tan solo están para generar una leve inquietud romántica en la obra y eso resta mucho. Una obra sin personajes secundarios fuertes pierde fuelle y Una Llama Entre Cenizas no es una excepción. Ni siquiera los secretos sobre la familia de Laia que la autora introduce logran salvar la sensación de historia plana hasta decir basta.


Podemos salvar el final, donde por fin vemos algo de acción propiamente dicha y Laia empieza a parecerse a la heroína que querían pintarnos desde el principio. Es un final abierto, que deja el poso de que se podía haber contado lo mismo mucho mejor, quitar paja y alargar un poco el final para ver hacia dónde vamos. Dejando el final como lo deja, genera interés, sí, pero ni mucho menos el que podría haber creado de otra forma a mi parecer, y eso anula en gran parte la inquietud que tendríamos que tener por ver qué va a pasar después.

Una Llama Entre Cenizas es, en definitiva, una obra que muere por sus protagonistas y excesivo interés en hacer de la trama amorosa su hilo conductor. De lo que promete, se acerca cumplir con la ambientación, que francamente es original y muy vistosa, pero poco más. Entre las cosas a destacar está el título, casi de lo mejor del libro y la sensación de saber que pudo haber sido mucho mejor. Una llama Entre Cenizas que se queda en chispita.
- Caótico


RESEÑA - DARKOVER, EL SOL SANGRIENTO, M. Z. BRADLEY



Antes de entrar en el mundo de Darkover, hay que tener en cuenta que pese a lo amplio de la saga y la cantidad de obras – tanto novelas como historias cortas – todas y cada una de ellas se pueden leer de forma independiente. Así lo afirma la autora y, como lector de solo una de ellas sin previo conocimiento del resto de sus creaciones, lo puedo confirmar. No necesitas leer las predecesoras para sumergirte en su mundo del mismo modo que no vas a tener un final que te pida a gritos una continuación (aunque del final hablaremos más adelante)

Me decanté por Darkover: El Sol Sangriento sin un motivo en especial. Después de oír hablar de pasada a varias personas sobre esta saga y deseando una pausa en mis lecturas de fantasía, decidí escoger una space opera tradicional para meterme de lleno en scifi. El Sol Sangriento fue simplemente la novela que más vi recomendada para iniciar el acercamiento a esta saga y como lector valiente que me obligo a ser, me lancé de lleno. 

El resultado, lo adelanto ya, ha sido bastante agridulce.

He visto a gente comparar esta saga con Dune; Con todo el respeto del mundo y recordando que SOLO he leído El Sol Sangriento, no puedo más que desechar esa comparación. La obra de Frank Herbert es abismalmente superior a la que Bradley nos propone. REPITO, evaluando solo este volumen, lo que a todas luces, no es justo por lo que no entraré en comparaciones, tan solo lo advierto para poner sobre aviso a los incautos que se dejen arrastrar por la alargada sombra de Dune.
Empecemos por nuestro protagonista, Jefferson Andrew Kerwin, Junior (nombre de presidente o casi) un tipo con dos planetas adoptivos, terra por parte de padre y Darkover por parte de madre. Después de viajar como empleado del imperio terrano, decide pedir un traslado para visitar el planeta donde nació, Darkover, impelido por una necesidad de conocer un hogar que nunca tuvo. 

Hay que decir que pese a que nuestro personaje principal se empeña en narrarnos una pequeña biografía de su vida en las primeras hojas, no es esto lo que llama nuestra atención. Lo que te hace pasar hoja tras hoja al iniciar la lectura, no es Jeff Kerwin en el primer capítulo, si no el prólogo, donde curiosamente, él no aparece. Tenemos un prólogo increíblemente atractivo, donde vemos la sociedad darkovana sin explicaciones ni filtros, sin entender muchas palabras de cada frase, pero que nos sumerge de lleno en su trama. Esto dura quince páginas, exactamente lo que tarda en aparecer, cuarenta años después, el protagonista. Y este es uno de los grandes problemas del libro: su protagonista. La acción se centra en él, dejando de lado el prólogo y lo en él se nos cuenta, y seguimos al medioterrano medio darkovano en su deambular en busca de sus orígenes. Reconozco un intento por parte de Bradley de mostrar misterios desde el inicio pero estos apenas carecen de interés en gran parte por culpa de Jeff cuyas tediosas reflexiones muchas veces son confusas y sin sentido. Cuando finalmente, el mundo darkovano le atrae alejándolo de la zona terrana, uno piensa que la historia va a arrancar por fin, e incluso parece que Jeff comienza a generar cierta empatía, pero eso es todo. No hay inmersión ni grandes descubrimientos, lo único que ayuda para seguir hacia delante es la magia-ciencia que Bardley se saca de la manga, y que posiblemente, sea lo mejor de la novela. No entraré en detalles para no arruinar la sorpresa, pero la forma del poder que se nos muestra es ingeniosa y muy original, aunque de nuevo pierde fuelle en la forma de presentarla. Para mi gusto hay demasiada aceptación, demasiada facilidad, se echa de menos un problema a la altura.
En este punto, llegamos a ver de cerca el mundo de Darkover, lo cual no significa que lo alcancemos a conocer, se nos pone delante pero con un cristal nublado entre medias, lo que le resta activos. 

Bradley propone un mundo tan ingenioso como estimulante. Una civilización terrana (obviamente provenientes de nuestro querido planeta, aquí denominado Terra) que se ha expandido creando un imperio estelar que abarca decenas de mundos colonizados. La autora gasta mucho tiempo y energías en mostrarnos la organización terrana, cómo se establecen en los planetas y en qué basan sus relaciones con los nativos. Sabemos cómo se registran los aventureros, sabemos los trabajos que llevan a cabo e incluso los formularios que tienen que rellenar para pedir traslado o incluso para registrar un hijo o un matrimonio. De la base terrana, lo que Bradley llama el Espaciopuerto, lo conocemos prácticamente todo y no se diferencia mucho de cualquier otro pueblo o asentamiento con la excepción de que tienen naves aterrizando por aquí y por allá. Hay bares, mejores y peores, hay hoteles de lujo (¡cómo no!) y antros donde es mejor no ir a ciertas horas, tenemos prostitutas y el equivalente a marineros deslenguados que buscan olvidar un día duro de trabajo con un cerveza, un poco de bronca y una mujer dispuesta. Hasta ahí todo bien, la zona terrana la tenemos controlada. El problema es que esa zona es minúscula en un planeta entero llamado Darkover. No me malinterpretéis, valoro el secretismo y la carencia de información que los terranos tienen del planeta y las costumbres de sus habitantes, entiendo que Bradley quiere trasladarnos esa inquietud, pero la riqueza del mundo es lo desconocido que poco a poco deberíamos ir conociendo porque oportunidades tenemos, y muchas, de hacerlo. Sin embargo, apenas sabemos algunos detalles a través de nombres desconocidos y vagas referencias. La zona darkovana consiste en una torre y sus alrededores. Demasiado poco se me hace comparado con todo lo que se nos explica de la zona terrana. Esa balanza de conocimiento le hace un flaco favor al libro pues parece que lo importante ocurre en el espaciopuerto uniendo lo fundamental del libro a una sensación de hechos “de pasada” que influye y mucho en nuestro interés por los acontecimientos que allí se producen. 


Como hemos dicho, la gran pega del libro es su protagonista, que pese a ser un “émpata” apenas genera empatía. En este sentido, el que vendría a ser su antagonista, Auster, me ha caído mejor que él, lo cual no habla muy bien del personaje principal.

Algo que me gustaría mencionar es la curiosa forma de tratar a las mujeres. Tenemos féminas fuertes, que se rebelan contra el sistema establecido y luchan por su independencia del hombre en una suerte de feminismo. Las vemos pelear con furia contra el fanatismo que las objetiviza y oímos muchas veces la frase “no soy propiedad de ningún hombre” lo cual se agradece, sin embargo, colar estas palabras en boca de los personajes femeninos y luego hacerlos actuar de cierta manera, provoca una confusión sin sentido. El personaje de Elorie es el que más me ha frustrado. Se muestra fuerte e independiente pero luego se supedita al hombre hasta la saciedad, dejando todo a su merced, siguiéndolo sin opinar, como un corderito que solo puede pensar en agarrarse al brazo de su hombre y llorar. 

Es en el tercer cuarto del libro donde más se muestra esto y coincide con el momento más pesado de la obra, lo que supone, en un libro de poco más de cuatrocientas páginas, cien hojas de eternos paseos y lamentaciones entre los personajes. Vemos un historia amorosa sin pies ni cabeza, que se produce poco después de otra igualmente inverosímil y cuyos inicios son tan abruptos como sus finales. De la noche a la mañana tenemos un amor exacerbado y enraizado en una necesidad vital de la otra persona. Vamos la típica relación sana y madura que todos deseamos...

Y sin comerlo ni beberlo, cuando parece que el libro no va a ninguna parte y el tedioso amor machista va a componer el final, aparece la gran revelación. Que ni es grande ni es revelación a poco que estés un poco avispado. A Bradley le entraron las prisas por cerrar la obra y después de la absurda historia amorosa nos mete a todo tren un final que hace aguas por todas partes, con perdones sorprendentes (realmente los personajes tienen una capacidad única para olvidar sus dispuestas en un santiamén) y una necesidad de tener un final Disney que choca con todo lo demás

Ojo, Darkover no es una novela amorosa, que a nadie le confundan mis palabras, pero el final se ve afectado por ello y deja un sabor agrio en la boca.

Como para lavarnos el paladar y demostrar de lo que es capaz, Bradley mete un capítulo final sin calzador, a modo de epílogo, en el que recobra el tono del prólogo y soluciona todo lo que he dicho anteriormente. Nos presenta un personaje nuevo, sin relación con el resto de la trama, en una zona de Darkover totalmente distinta, sin terranos ni nada que lo parezca. Son apenas cuarenta páginas y en ellas se basta para regalarnos una trama y unos personajes que dan varias vueltas sin problemas a Jeff y el resto de los presentes en la trama original. Es ese final, tan rico como sin sentido en el conjunto de la obra, lo que hace que quedes con ganas de coger otro libro de esta saga para ver con cuál de las dos caras de Bradley te topas, la del prólogo y el epílogo, o la del resto del libro.

Un producto rico y con posibilidades que cae en un sinsentido de emociones de la mano de un personaje aburrido hasta decir basta. Darkover, el sol sangriento, ciencia ficción a coletazos. 


-Caótico



RESEÑA - EL ÚLTIMO DESEO, A. SAPKOWSKI



Si te gusta la fantasía en cualquiera de sus formas y a estas alturas no conoces a Geralt de Rivia, muy mala suerte has debido de tener. Prepárate para hacerle un hueco a uno de los grandes, grandísimos, personajes de la fantasía. Como muestra, baste que su figura ha dado para películas, videojuegos (hasta tres) y un largo etcétera. Además, hollywood ya ha anunciado una película en condiciones para 2017: http://www.laespadaenlatinta.com/2015/11/pelicula-geralt-rivia-andrzej-sapkowski-2017.html (vía http://www.laespadaenlatinta.com/)




Con todo, hay que decir que en El Último Deseo, Sapkowski tan solo nos introduce al personaje y apenas muestra la superficie de una figura tan rica en detalles como es Geralt. No obstante, que el concepto de novela introductoria no os lleve a equívoco, la obra se puede leer solita y sin nada más, y aun así disfrutarla como un enano. Geralt entretiene y mucho, su carácter cínico y su humor negro te harán encariñarte con él y ni siquiera el punto de previsibilidad que tiene te hará perder interés en las andanzas del brujo.

Porque Geralt es brujo, pero un brujo muy alejado del típico personaje vestido con capa que murmura unas palabrejas y agita un caldero humeante. Geralt lleva espadas, sí, dos, a la espalda, una de plata por cierto, va de pueblo en pueblo con la única compañía de su yegua y se gana las monedas cazando monstruos de todo tipo, desde basiliscos hasta estigres. Esta es la premisa que nos da Sapkowski, un personaje que deja entrever un pasado oscuro y tortuoso, revelando a pinceladas aspectos de su vida anterior y de cómo llegó a convertirse en lo que es, mezclándolo con acción sin paliativos que sin embargo no es ni mucho menos el centro del libro. Geralt mata monstruos y veremos muchos y de diversos tipos, pero no son ellos los protagonistas del libro, el auténtico hilo conductor es la forma en la que los humanos interaccionan con estos monstruos. 

No es descabellado pensar en El Último Deseo como una novela que ofrece cierta reflexión, incluso llega a tener ciertos tintes ecologistas en el afán de algunos personajes por proteger a las criaturitas que están en peligro de extinción por personajes como Geralt. El mundo que vemos de la mano del brujo es de todo menos acogedor, con monstruos o sin ellos, en cada pueblo que recorremos vemos al hombre en todo su esplendor, desde los asesinatos hasta la codicia más pura. Curiosamente, uno de los personajes más humanos del libro, acaba siendo uno de los monstruos (no diré más para no caer en el spoiler)

El Último Deseo está orquestado como una colección de relatos, seis en concreto, mezclados con las partes tituladas La voz de la razón que vendrían a ser las situadas en el presente, mientras que las otras se nos muestran como recuerdos de las aventuras del mago. Aunque los relatos no están conectados entre sí, son un disfrute por su variedad que va mucho más allá del simple “voy a un pueblucho, me cargo al bicho y a correr”. Hay mucho y muy bueno que rescatar en cada relato, aunque personalmente me quedo con El Mal Menor.
 

Una de las mejores cosas del libro son sus personajes secundarios. Sapkowski tiene un don para perfilar en cuatro trazos un personaje y que resulte creíble. Los secundarios de cada relato dan mucho juego y algunos se quedan en la memoria con cariño pese a las atrocidades que puedan cometer. Ahora bien, si hablamos de los personajes secundarios, evidentemente, destacan tres, los que van más allá de ser meras comparsas y por lo que sé, aparecen en el resto de libros. La Sacerdotisa, tan solo presente en las partes situadas en el presente, es una de mis favoritas, no tiene intervención que no sea memorable y su relación casi madre-hijo con Geralt está muy bien llevada. El bardo y la odiada-querida a partes iguales, hechicera, concluyen el trío. El bardo quizá sea el menos interesante, pero es cosa mía que les tengo un poco de manía a este tipo de personajes lapa. La hechicera es harína de otro costal. No solo Geralt encuentra en ella la horma de su zapato, si no que muestra a la perfección lo que un personaje femenino puede dar de sí sin necesidad de nada más que su presencia en solitario sin apoyo de una contrapartida masculina. 

Sí tengo que ponerle una pega, serían los diálogos en ciertos momentos. En la gran mayoría están perfectamente introducidos pese a la curiosa falta de verbos dicendi, pero hay ciertos momentos en los que el cinismo de Geralt y sus silencios se rompen con algunas frases que, si no le conociéramos, nos harían pensar en él como un memo. Eso me ha rechinado bastante porque rompe mucho con el carácter del personaje que ha dibujado en el resto del libro.

El Último Deseo es la primera novela de la Saga de Geralt de Rivia y por tanto la primera que leo (ya estoy con la segunda) pero sin duda se abre paso con fuerza para quedar a buen recaudo en tu estantería a la espera de sus secuelas, prometiendo más aventuras del brujo que cazaba monstruos, humanos o no.

Enormemente recomendable.

- Caótico