Mostrando entradas con la etiqueta Histórica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Histórica. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de marzo de 2016

RESEÑA - LA ESPADA MALDITA, Jon C. Grimwood




Libre de spoilers.


Cuando oí hablar por primera vez de la obra de Grimwood me sentí atraído de inmediato. Venecia en todo su esplendor, asesinos y el mito del vampiro, todo mezclado en una historia de asesinatos y traición. Es obvio que las expectativas eran altas y tenía muchas ganas de hincarle el diente. Quizá el problema haya sido ese, porque la experiencia no ha sido lo que esperaba.


La Espada Maldita (título, por cierto, que no entiendo una vez acabado el libro) nos presenta a Tycho, una muchacho que aparece en Venecia sin saber nada de su pasado ni recordar quién, y “poseído por unos apetitos inusuales” que por azares del destino acabará convirtiéndose en el centro de una trama política al mismo tiempo que en aprendiz de Atilo, el jefe de los Assassini de Venecia, cuya intención es que sea su sucesor. Visto así, la historia no parece muy original siendo sinceros, pero es el estilo de Grimwood lo que hace diferente al libro. Y ojo, no digo que eso sea bueno.


Tycho es el protagonista, es cierto que hay más personajes, pero todo gira en torno a él, y el problema es que no aparece prácticamente hasta la mitad del libro. Sin duda, una obra que pretende tener un personaje atractivo no se puede permitir el lujo de dejarlo abandonado. ¿Qué ocurre durante todo ese tiempo entonces?, os preguntaréis, pues bien, muy sencillo: todo y nada. Me explico:

Grimwood tiene un estilo muy peculiar, habrá a quien le guste pero a mí personalmente me parece un caos que hace que te pierdas cada dos páginas. En la segunda mitad, justo cuando Tycho obtiene su protagonismo, te acostumbras al ritmo y al estilo, lo que hace más fácil la lectura, pero durante la primera parte la narrativa es sencillamente un caos.

Las escenas se suceden a saltos sin ningún orden aparente, vemos personajes surgir de la nada, voces que no sabes de dónde vienen, diálogos pronunciados por a saber quién y los puntos de vista se suceden sin ningún tipo de diferenciación, dando la impresión de que o bien el narrador es omnisciente en el más puro significado tradicional de la palabra, o te has equivocado de personaje un par de párrafos atrás. Es especialmente molesto cuando los hechos que nos narra parecen ser absurdos e indescifrables. La parte de Lady Giulette es especialmente significativa, yo por lo menos, me he tirado tres cuartas partes del libro sin saber ni dónde estaba, ni qué demonios quería y lo que es peor, sin saber qué creían el resto de personajes de su situación pues a cada capítulo parecían decir una cosa distinta. 



Entiendo que Grimwood no busca ponerle fácil las cosas al lector y pretender retarlo a seguir el ritmo, eso me gusta y se agradece, pero se equivoca al confundir un ritmo trepidante y tramas complejas, con una línea de saltos entre escenas, personajes desdibujados y diálogos fantasma con personajes que aparecen y desaparecen de repente.

Como he dicho, Tycho es nuestro protagonista, pero el elenco de La Espada Maldita es muy amplio. Debo decir que me ha gustado particularmente el dúo de Alexia y Alonzo, los dos duques que juegan a las conspiraciones soltándose dardos y confabulando en sombras sin olvidar que Venecia debe prevalecer frente a sus enemigos. En cambio, el dúo de Atilo y el capitán Roderigo, que en un principio parecía de gran relevancia, se diluye. Roderigo sencillamente desaparece y Atilo pasa de ser un hombre peligroso, jefe de los Assassini, a convertirse en un viejo balbuceante perdido en su propia sombra. La contrapartida femenina cuenta con Desdaio y Lady Giulette, y sufre otro tanto de lo mismo. Me han gustado ambas cuando obtienen voz, pero me irritan demasiado esos momentos de simples damas chillonas que se guían más por un fugaz encuentro con un desconocido que por la lógica de la situación.

Con todo, debo decir que la mayoría de personajes ha evolucionado y acaban por ser atrayentes, pero esto no ocurre hasta la segunda mitad, donde el libro cambia por completo. El estilo nos es ya más familiar y la transición se hace más liviana, lo que unido a que la trama parece recuperar algo de sentido y a la aparición de Tycho, convierte esta parte en un frenesí de acontecimientos entretenidos que te atrapan hasta el final. Es una lástima, pues Grimwood demuestra aquí que la habilidad la tiene, por lo que los errores de la primera mitad no se deben a su falta de pericia si no a algo premeditado. 



Un aspecto a destacar es el mundo que construye. Nos sitúa en la Venecia de siglo XV, ambiente propicio para este tipo de tramas y con un atractivo siempre inherente a la ciudad de los canales. Es por eso que Venecia se convierte en un personaje más aunque el perfil que Grimwood dibuja de la ciudad no se parece a la idílica ciudad del renacimiento. Es fría, cruel y capaz de engullir a cualquiera que no sepa qué está haciendo. Es de reconocer el cuidado en los detalles de Grimwood, que se ha informado mucho y bien, y nos lleva de la mano por decenas de localizaciones reales. Esto en cambio, tiene otra cara que no me ha gustado tanto. A veces da la sensación de que quiere demostrar todo lo que sabe de Venecia y muchas veces suelta información que no influye ni interesa en determinados momentos, ralentizando el ritmo u obligando a sus personajes a dar largos paseos y rodeos sin sentido aparente solo para poder mencionar este o aquél monumento. 

El elemento mágico está presente de una forma muy peculiar, pues si bien la magia existe y se menciona sin muchos problemas, al meterla en mitad de las guerras religiosas del siglo XV, se ve tratada desde un prisma de misticismo y herejía, lo que no impide que los poderosos se sirvan de ella. Todo lo relacionado con el mito del vampiro y sus orígenes, muy relacionado con la magia y lo espiritual, es un gran acierto de Grimwood, que logra crear una mitología propia sin llegar a elevar el protagonismo de la magia por encima del de la historia.

En conclusión, La Espada Maldita es un libro dividido en dos mitades. La primera supondrá un reto para el lector que se verá perdido por momentos e incapaz de encontrar algo a lo que aferrarse para continuar leyendo; por otro lado, la segunda mitad te atrapará hasta el final. Tengo entendido que forma parte de una trilogía, pero se trata de una novela autoconclusiva con un final cerrado, así que no temáis quedaros a medias.



 -Caótico

domingo, 17 de enero de 2016

RESEÑA - RIÑA DE GATOS (MADRID, 1936), E. MENDOZA.

Porque se ve que no había suficientes novelas sobre Guerra Civil.


Leer por obligación es algo muy normal cuando has estudiado Filología y, de hecho, te descubre joyas a las que nunca te acercarías por motus propio de forma normal, lo que es de agradecer. 
No es el caso de esta infame novela de Eduardo Mendoza, a la que —por adecuación— pasaremos a llamar Roña de gatos.


Para empezar, debemos reseñar que Mendoza logró el premio Planeta del año 2010 con esta novela, que lleva el nombre de una pintura de Goya, pero que habla sobre Velázquez, lo que no deja de ser curioso.

La novela se centra en la figura de un inglés, Anthony Whitelands, doctor en Arte, especialista en Velázquez, que llega a Madrid para tasar un cuadro, encantando de la vida por poder volver al Museo del Prado de sus amores. La familia a la que pertenece el misterioso cuadro, por supuesto, no podría ser amiga de otra persona que de Primo de Rivera, por lo que el cuadro una vez vendido, tiene muchas posibilidades de acabar financiando la Falange. Y de este sencillo planteamiento parte Roña de gatos.
Mendoza retuerce el planteamiento hasta lo absurdo, metiéndose progresivamente en unos jardines cada vez mayores de los que es incapaz de salir, por lo que su solución pasa por dejar un final abierto a elección del lector y a su conocimiento de la triste Historia de España —Se pueden hacer una idea del sentimiento de ira asesina cuando te encuentra semejante final después de 420 páginas insoportables—.

Pero todo esto no justifica que la hayamos considerado como una novela infame. Millones de veces hemos estado delante de novelas que han dejado unos fabulosos finales abiertos y un gran sabor de boca, ¿qué ocurre con Mendoza entonces?

No sólo influye en mi despiadada crítica que yo tuviera que leer esta novela después de la fabulosa Soldados de Salamina, en la que tanto como los personajes como el tiempos histórico son parecidos, sino el estilo que defienden ambos autores en su forma de escribir, que no podría ser más radicalmente opuesto.
(Espero poder reseñar próximamente esta fabulosa novela de Javier Cercas para quién tenga interés en ella)

Está claro que Mendoza desea diferenciarse de los escritores de best-seller (un escritor que gana un premio Planeta en 2010 tratando de demostrar al mundo que él es diferente a todos los demás ¡Fascinante!), para ello plaga el libro con un léxico preciosista y, sobre todo, muy rebuscado que entorpece sobremanera la lectura, además de convertir la obra en algo ya no irreal, sino increíble. 
La grandeza de un escritor se demuestra al ser capaz de crear un mundo o una situación que el lector crea a de principio a fin; Mendoza rompe la burbuja de su narración al poner en boca de un inglés cuya primera lengua no es el español expresiones como «¡Qué estulticia!» (que para todos aquellos que como yo, son nativos del español y no tienen idea de qué significa semejante expresión, quiere decir ¡qué tontería!) o «lenocinio», que ni siquiera son palabras demasiado habituales en la época en la que se desarrolla la novela. En palabras de la gran Ana María Matute: «Lo más fácil es escribir de manera alambicada, lo que es verdaderamente difícil es hacerlo de una manera sencilla, clara y expresiva»; Mendoza fracasa estrepitosamente en la tarea de crear una obra atrayente, sencilla y fácil de disfrutar del mismo modo que fracasa al tratar de desligarse de lo que realmente es: un escritor de best-sellers.

En definitiva, una novela absolutamente prescindible que no aporta nada a la ya enorme masa de novelas cuyo telón de fondo es la Guerra Civil española y que además se permite el lujo de sugerir algo así como que Primo de Rivera estaba infiltrado entre los comunistas. 
Un verdadero despropósito.